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Martes, 24 de octubre de 2017

Diseñar para comerte mejor: alimentando emociones

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Javier Botía Yañez |

La creciente complejidad y competitividad de los mercados actuales, hace necesario buscar soluciones y herramientas que nos aproximen al estudio del consumidor desde un punto de vista que otorgue más importancia a las emociones que se experimentan en el proceso de compra y no tanto las habituales características funcionales de los mismos. La industria agroalimentaria cobra especial importancia ya que busca permanentemente la diferenciación de sus productos para dotarlos de un alto valor añadido. En los últimos años ha apostado por el diseño emocional de productos, en el que, durante el proceso de diseño de producto y comercialización al consumidor final, contamos con su opinión, lo analizamos, estudiamos e incluso prevemos las sensaciones y emociones que va a sentir antes de que tenga nuestro producto en sus manos. Nace el concepto de usabilidad y la experiencia de usuario.

 

El desarrollo del diseño emocional aplicado a los alimentos ha sido lento, sin embargo, la industria alimentaria ha apostado de una forma progresiva por este concepto, ya que hoy en día no es suficiente que los productos tengan unas buenas características organolépticas y nutricionales. El consumidor valora las experiencias emocionales placenteras que cumplan (o excedan) sus expectativas, ya sea en el sabor o la palatabilidad del alimento en sí, en el diseño del envase o incluso en los textos de sus etiquetas, para predisponer a una experiencia de uso sabrosa, excitante o saludable. No olvidemos que la emoción influirá en un 43% en la decisión de compra final.

 

También se hace necesario tener en cuenta la subjetividad de los usuarios, la cual no depende únicamente de los sentidos, sino también del entorno, el conocimiento, las creencias, rango social, edad, etc... Por ello, los consumidores confían en jabones que producen mucha espuma (aunque no es necesaria) o colutorios para higiene bucal que 'pican' (no será un sensación placentera, pero da una mayor sensación de desinfección y limpieza).

 

Por tanto, el objetivo para el marketing emocional de alimentos será despertar en el consumidor efectos emocionales satisfactorios y placenteros como alegría, felicidad, deseo, seguridad, amabilidad, etc. Para esto será necesario innovar, arriesgar y lanzarse hacia una apuesta en el complejo mundo de la comercialización de productos agroalimentarios. Intentémoslo, seguro que merecerá la pena.

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